Con este blog quiero completar la obra que inicié con "Contemplando el claro azul", que continuó con "Me acordé de ti" y "Recordé cuánto te gusta". Quiero con él comenzar el 2014 esperando que sea fructífero y que podáis disfrutar conmigo estos versos. Y ya vamos por el 2020.

viernes, 12 de junio de 2026

Dolor de muerte bajo las noches de luna y estrellas.

 

Editorial Encrucijada


Introducción

Bajo el agua, las palabras,
que como limo de voces perdidas
corean el triste juego de las ranas.

Sobre el peinado del agua
un círculo de pájaros y llamas
ronda la madera de guitarra.

La luna gira en el cielo
sobre las tierras sin agua,
por encima de los techos
 que escuchaban 
como los nervios de metal 
sonaban.

La tierra se ofrece desnuda
 y llena de heridas cicatrizadas,
mientras vocean las gargantas
sufrimiento, cante 
y más palabras.

Bajo el agua, las palabras,
y sobre la superficie 
aquella luna redonda
 que se baña
 para envidia de la otra,
la que está más alta;
la que mira con asombro
las manos descontroladas
que cortan una tras otra
las siete cuerdas del arpa
empujadas por el viento
y arrastradas por el agua.

La primera.

Y cuando viene la luna
el niño la está mirando.
Y cuando marcha la luna
el niño va de su mano.

La luna vino y se fue,
mientras los gitanos lloran
y la maldicen gritando
por el lindo gitanillo
 que sin piedad
les ha quitado.
Les arrancó el corazón
para hacer
collares y anillos blancos.

La segunda.

La luna de pergamino
vigila al sátiro viento
en la noche llena de peces.

Viento que muerde las tejas
furioso por no alcanzarla,
pues la niña que persigue
con una espada caliente,
se ha refugiado en la casa.

Y la gitana preciosa
cuenta su huida llorando.
Y el viento sigue a la espera
queriendo tomar después
la rosa azul de su vientre.

La tercera.

Bajo la luna gitana
sueña en la mar amarga:
verde carne, pelo verde.
Se mecía la muchacha
en una verde baranda:
cara fresca, negro pelo,
la gitana le esperaba.

Verde que te quiero verde;
verde viento, verdes ramas.

Herida la madrugada
cuando el compadre le deja
un rojo rastro de sangre
y cientos de rosas morenas
sobre su pechera blanca.

¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda¡
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
En el rostro del aljibe
se mecía la gitana.

Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.

La cuarta.

Ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río;
yo me quité la corbata,
ella se quitó el vestido;
yo el cinturón con revólver,
ella sus cuatro corpiños.

Y no quise enamorarme
porque teniendo marido,
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

La quinta.

Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
voces de muerte resuenan
a orilla del Guadalquivir.

Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
y ese cutis amasado
con aceituna y jazmín;
ya tu talle se ha quebrado
como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo.
Tres golpes de sangre dieron
sus primos de Benamejí.

La sexta.

Allí donde joven y desnuda
la imaginación se quema,
huyen las gitanas viejas
entre calles de penumbra.

¡Oh, ciudad de los gitanos!
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
sobre el fuego de las piedras.

La séptima.

Viejas mujeres del río
lloraban al pie del monte.

Cabelleras amarillas
pone la noche menguante,
mientras llama temblorosa
al cristal de los balcones.

Contra el arco viejo y roto 
de la triste medianoche,
las ramas daban portazos
que sonaban por encima
del brusco rumor del bosque.

Fachadas de cal ponían
cuadrada y blanca la noche.

Siete gritos, siete sangres,
siete muertes, siete madres,
quebraron opacas lunas
en los oscuros salones.











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