Con este blog quiero completar la obra que inicié con "Contemplando el claro azul", que continuó con "Me acordé de ti" y "Recordé cuánto te gusta". Quiero con él comenzar el 2014 esperando que sea fructífero y que podáis disfrutar conmigo estos versos. Y ya vamos por el 2020.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Soldado del Imperio.

 

Museo del Prado


Soldado del Tercio.

La miserable suerte de los soldados

entre desgracias y miserias;

de un Tercio viejo la casaca vistes;

ni el más honesto; ni el más piadoso;

entre mil zozobras

 mantienes apariencia de hierro

y das siempre paso adelante

mano en espada.


Aunque muchas y afiladas

incertidumbres cargas,

que como todo ser humano albergas, 

y no reclamas,

a culminar la hazaña te levantas

cual águila segura de su presa.


Cerca o lejos

te mueves entre promesas

que por Razón de Estado se quebrantan.

Después que soldado en gran empresa,

mostrando el bravo brillo de tu acero

el pintor dio cumplida fe de tu existencia.

Tu memoria cantarán cronistas y poetas

sobre heroicas gestas del Rayo de la Guerra.


Iluminas entre sombras esta Historia

 hecha de Oro, en la que serás

para tus compañeros

 el lazo de fidelidad más verdadero.


Campos de batalla.

Habrá que matar, y puede que mucho.

Al lento batir de los tambores

las filas movíanse hacia delante:

ordenados, soberbios, orgullo de españoles.

Con cuero engrasado y armas relucientes,

aunque de prendas desfilaran andrajosos,

destacaban bajo el temible sol de Breda

que D. Diego eternizó con su paleta.


Respetado y odiado nombre de patria,

temido en todos los campos de batalla,

pues para crear el paisaje del infierno

no es menester más que un Tercio,

 y su bandera, y las puntas de sus picas,

 y los filos heridos de sus dagas.


Patria.

Enarbolando en alto cruz y espada,

mientras nos abrimos a ensanchar el nuevo mapa;

a abrir  lo descubierto a golpe de cuchillo;

a cobrar caro hasta que en pie quede el último;

mientras se pudrían inteligencia, alma, imperio;

mientras todas las fuerzas y la atención,

en la sobrevalorada y criminal reputación

estaban puestas. Enrocados

 por de más en confesores y privilegios;

descuidando prosperidad y arduo trabajo.

Que el que hace lo que puede

no está a más obligado.


Lances.

Soldado veterano de tercios españoles

que malvive y bebe por tabernas,

estocadas y garitos

que vida dieron

a los diarios tajos del duro acero;

entre intrigas de una corte corrupta

en un Madrid ya en decadencia,

como dirían los sonetos de Quevedo

donde ves la llaga pones el dedo.


Siempre hubo

unas temibles armas puestas:

atravesada, acomodada al cinto 

la fiel misericordia,

que acompañada vive

 de la espada por la Corona al filo.

En Flandes puso una pica

el valeroso soldado cada jornada, 

que como Real vasallo,

su rey lo abandonó al  triste olvido;

pues como dijo siempre pobre,

"nada quiero, salvo matar

el tiempo en quienes mato,"

más llegada la hora

¿qué es vivir,

sino ser para la fosa?